martes, 18 de julio de 2017
Mi primer beso Eros
© David Gómez Salas, el Jaguar
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Contigo, descubrí lo que es amar:
Atracción, pasión, intensidad,
pureza, incondicionalidad
y muchas cosas más.
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Con tu primer beso, lo aprendí.
Me ubicó en el cielo, en el mejor lugar.
La felicidad suprema logré alcanzar.
El amor eros y el amor ágape, viví.
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Contigo viví en un torbellino
de amor terrenal y divino.
Aquel beso marcó mi vida,
que a tu vida ha quedado unida.
miércoles, 16 de enero de 2013
Flor temprana. Autor David Gómez Salas
lunes, 4 de junio de 2012
AJUSTE DE CUENTAS. Autor David Gómez Salas
lunes, 28 de mayo de 2012
Lo que me enseñaste, callada. Autor David Gómez Salas
Autor David Gómez Salas
Cuando te echaron a la calle,
te fuiste callada.
Erguida y segura,
tu temple brillaba.
Solo te llevaste tu ropa
y zapatos.
Quedaste sin muebles,
sin plantas, sin trastos.
A mis diez años de edad
odié y sufrí a raudales,
al verte desamparada y
sin bienes materiales.
A escondidas, te llevé
una vieja licuadora.
Y no la aceptaste,
mi gran educadora.
Por tus decisiones y caricias
en momentos clave;
aprendí que con dignidad
y amor, se supera lo insuave.
La fotografía. Autor David Gómez Salas
Autor David Gómez Salas
En la foto de graduación
del bachillerato,
encuentro en tu expresión:
amor, protección
y elixir mitridato.
Mirada circunspecta
y un rastro de angustia,
mi imaginación detecta.
(Tus hijos,
presión que no cesa;
responsabilidad
que pesa).
El retrato es una prueba
del apoyo que me dabas.
Del tiempo
que me otorgabas.
jueves, 27 de octubre de 2011
Obstinado. Autor David Gómez Salas
Obstinado
organizó doña “Codicia”
La cocinera fue “Demencia”,
y la mesera: “Sevicia”.
Comió la muerte con prisa,
no hubo tiempo de calma.
Y engulló desaforada,
más de cincuenta mil almas.
Siervo de los demonios,
de los dueños del dinero.
Hospedero de la codicia,
viento del extranjero
¿No te duele ver los muertos,
cuando pasa el carretero?
....David Gómez Salas. México
viernes, 8 de julio de 2011
Tiro de gracia. Autor David Gómez Salas

Tiro de gracia. Autor David Gómez Salas
Una noche arribó un automóvil rojo al terreno que colinda con mi huerto. Entró por una parcela abandonada sin cerca al frente, el acceso estaba libre. El automóvil avanzó hacia donde me encontraba y se estacionó en el límite con mi terreno, muy cerca de mí.
Descendió del automóvil, una pareja de enamorados que se abrazaban y besaban. Con rapidez pusieron sobre el suelo una colcha y empezaron hacer el amor frente a mí.
Me retiraba silenciosamente del lugar, cuando el hombre gritó: ¡Quien anda ahí!
—Estoy en mi huerto—Contesté. Seguí caminando para alejarme del lugar y escuché disparos y sentí al mismo tiempo un balazo en mi brazo izquierdo. Corrí al río, es un cauce seco con algunos árboles de mezquite y maleza que crece en el desierto.
Corrí sin detenerme a lo largo del cauce hasta llegar a su cruce con la carretera. Antes de subir a la carretera, revisé mi brazo y me dí cuenta que mi herida era solo un rozón. Sin embargo supuse que por la sangre sería difícil que alguien se atreviera ayudarme y llevarme en su automóvil. Así que decidí seguir caminando por el cauce hasta llegar a las vías del tren y caminé a la ciudad por esa ruta. Era más segura, por ahí mi agresor no podría seguirme en automóvil, no hay forma.
Llegué a casa después de la medianoche, todos dormían. Me bañé y lavé mi herida con detergente, después le puse mercurocromo. Con gasa, presioné ligeramente la herida con mi mano derecha hasta que dejó de sangrar y la herida quedó seca externamente. Coloqué gasa limpia sobre la herida y la fijé con tela adhesiva. Me acosté del lado derecho con el brazo izquierdo arriba y sin moverme.
Al día siguiente, al mediodía, pasé en automóvil frente a mi huerto para observar si había alguien vigilando. Me di cuenta que 50 metros adelante, estaba un carro color gris plata estacionado del otro lado del camino, en sentido contrario al mío. No me detuve, seguí hasta el final del camino, es un tramo cerrado que comunica a varios terrenos con una carretera. Cuando llegué al final del camino di vuelta en “U “. Pasé de nuevo frente al auto estacionado y me di cuenta que en su interior, había una mujer.
El mismo día, a las 5 de la tarde di otra vuelta. Permanecía el carro estacionado con una mujer en su interior. Parecía ser una mujer distinta a la que había visto en la mañana. No estaba seguro, porque al pasar frente al carro, no volteaba descaradamente a verlo, simulaba llevar la vista al frente y voltear brevemente como con cualquier auto.
Pasaron 15 días en que no pude regar mis árboles y el sol los estaba matando. Son árboles jóvenes con raíces aún poco profundas. Así que al dieciseisavo fui al huerto a regar. Para que el agua se infiltre a través del suelo debo regar de tarde noche. De día el agua se evapora muy rápido y no se aprovecha. Mi terreno es arcilloso, sin arena, poco poroso.
Al llegar al huerto, de inmediato vi que estaba el carro gris plateado en el sitio de siempre, lo ignoré. Me estacioné frente al portón, lo abrí, metí mi auto, cerré el portón y me dirigí a mi auto para ir al fondo del terreno. Pero en ese momento el carro gris plata ya estaba frente a mi terreno y como la cerca es de malla ciclónica, la mujer que bajó del auto y yo, podíamos vernos. No podía fingir que no la había visto.
—¡Señor, señor!—Gritó.
Me aproximé a ella, para escucharla. Era una mujer muy joven, delgada, morena, rostro delicado, ojos negros grandes, cejas pobladas y nariz pequeña. Cabello lacio sujetado hacia atrás.
—Necesitamos platicar—Me dijo. No tenga miedo, no le vamos hacer nada. Usted no rajó, no fue a la policía. Mi novio y yo, queremos darle un regalo de agradecimiento.
—Nada hay que agradecer—Le dije.
—Solo queremos platicar, no tenga miedo—Insistió. Suba a mi carro lo llevaré. Usted es un hombre fuerte, yo soy solo una mujer de 18 años ¿Me tiene miedo?
—Necesito darle agua a las plantas, se están secando—Contesté. No me deben nada, me urge regar.
—Espere, voy a llamar por teléfono, a ver que me dicen—Contestó.
Se retiró un poco e hizo la llamada atrás de su coche. Solo habló un minuto y regresó al portón y dijo: Está bien, póngase a regar, pero estamos entrados, rechazó mi invitación.
Caminó a su auto y dijo: espere, quiero enseñarle algo. Llegó al auto, abrió la cajuela y sacó una metralleta. ¿Ve este juguete? Si lo quisiera chingar, lo hubiera chingado, aunque se echara a correr.
Guardó el arma en la cajuela, subió al auto, dio marcha al motor y volteó a verme por la ventanilla. Sonrió y me dijo: nos veremos pronto y la próxima vez no me digas no. Se fue.
Ese día, terminé de regar como a las once de la noche. He aprendido a disfrutar el cielo estrellado del semidesierto, y he aprendido a amar la nobleza de su escasa vegetación. Me gusta estar a oscuras y mis ojos se acostumbran a ver con la tenue luz de la luna, aún cuando no haya luna llena. Así que decidí que a partir de ese día iría a mi huerto solo de noche. Me sentía más seguro, pero no perdía el miedo de que llegaran a visitarme.
Pasaron más de tres meses y cuando ya sentía que no los volvería a ver, apareció la mujer. Arribó a las 9 de la noche, se estacionó fuera de mi huerto. Nos vimos de inmediato, yo estaba abriendo una válvula que se encuentra cerca del camino. Bajó de su auto y me dijo: Buenas noches, mi buen.
—Buenas noches—Contesté. Tenía miedo, aunque ella tuviera 18 años y se viera sin maldad.
—Ábreme quiero platicar contigo—Dijo. No tengas miedo, no te voy hacer nada ¿Estás armado, güey?
—No—contesté. Y abrí el portón.
Pasó al huerto y me dijo: Mataron a mi novio, a mis papás, a mis carnales y a mis amigos. Al final solo quedamos vivos tres y éramos un chingo. Los tres que quedamos vivos, nos despedimos y cada quien jaló por su cuenta, sin saber de los otros, para que en caso que lo agarren, vuele solo.
Vine porque tú eres uno de lo pocos que no me eché ¿Me entiendes?
Me respetaban por mis ovarios bien puestos ¿Me entiendes?
Nunca me temblaron las manos, ni las piernas, ni nada ¿Me entiendes?
Así que pensé, me voy a echar aquel pinche campesino y vine.
Pero ya te dije que no te voy hacer nada y siempre cumplo mi palabra.
Déjame ver tu brazo. No te pasó nada y te disparó muy cerca por la espalda. A esa pinche distancia, yo te hubiera dado en la cabeza, la espalda, donde quisiera. Pero “El Culi” falló. Así le decían mi novio porque él a todos les decía culeros.
Pienso que a partir de esa noche empezó su racha de mala suerte. Por dejarte vivo. Los muertos nunca dan problemas, ni traen mala suerte. Perdí la cuenta de los he matado sin problemas. Pensé que debía darte cuello para terminar mi raja de mala suerte y vengar a “El Culi”.
Mientras yo regaba, ella caminaba a mi lado y a través de ella, habló el diablo. Platicó, casi sin interrupción, cerca de dos horas. Después me dijo: “El Culi” ya está muerto, como mis papás. Así que si voy a cumplirle a un muerto, que sea a mi mamá y no al güey del Culi.
Sacó debajo de la chamarra una pistola, la puso en mi cabeza y me dijo: si quieres vivir acuéstate en el suelo y repite lo yo diga.
—Doña Marisol, perdone a su hija, así como ella me perdonó—Dijo.
—Doña Marisol, perdone a su hija, así como ella me perdonó—Repetí.
—Ya la hiciste, pinche campesino—Dijo. Puso la pistola en mi nariz, desabotonó su blusa y, con una leve sonrisa, me preguntó:
¿Te gusta mi cuerpo, güey?
—Si
¿Has estado con una hembra como yo?
—No
Pues te la vas a perder, dijo. Guardó su pistola y se fue.
jueves, 9 de junio de 2011
La mujer y el mar. Autor David Gómez Salas

Mar embravecido.
semilla de mis pasiones,
al sacudir mi cuerpo
fortaleciste mi alma.
Tu oleaje indomable
lo llevo en la sangre.
Es mi linaje, mi estirpe.
Mi vendaval y fogosidad
son tu herencia.
No me espanta
que la embarcación cruja
y el vendaval me sacuda.
Me gusta.
Amo tu cielo encapotado,
tus tormentas desatadas.
Tus cambios,
tu interior…
tu calma.
Mar, eres mi mundo-vida.
Por ti comprendo
mi naturaleza,
mi temperamento.
Amo a las mujeres
que son tormenta
y también a las
que son bonanza.
Las amo siempre:
ardientes o cohibidas,
inquietas o serenas,
lujuriosas o santas.
Las amo como el mar:
Con intensidad.
Unas veces estremecido;
otras, con calma.
sábado, 21 de mayo de 2011
Luna enamorada. Autor David Gómez Salas
En mi huerto,
durante el verano,
en las noches, consumido,
con desgano;
al terminar mi trabajo,
me acostaba conforme
y lleno de ilusiones,
sobre una piedra enorme.
La luna preciosa
y sensible lo notó.
Y mi admiración por ella,
mal interpretó.
Se enamoró de mí
y partir de ahí,
solo hubo luna llena,
Plenilunio, para mí.
La linda luna
fue mi inspiración.
Hice mil poesías,
por esa razón.
Tardé en comprender
su dulce mirada;
y darme cuenta que,
de mí, estaba enamorada.
domingo, 9 de enero de 2011
martes, 30 de noviembre de 2010
El número UNO. Autor David Gómez Salas
en un enorme espejo se vio.
Y al pensar que no era único,
su ego lo entristeció.
El espejo era mágico
y enseguida reaccionó.
Le mostró al número Uno
la imagen del número Dos.
El Uno, con soberbia,
al número Dos criticó.
Dijo: está muy retorcido,
no está recto como yo.
Así, el menor de los enteros
concluyó ser el mejor.
Ignorando que cada símbolo
representa un valor.
sábado, 27 de noviembre de 2010
Niño de siete años. Autor: David Gómez Salas
Dedicado a Friedrich Gauss
Un maestro indolente, quiso mantener ocupado a un niño inteligente.
Dijo el maestro malvado: sumarás del uno al cien y me darás el resultado.
Pensó con gran desdén ya me deshice de él, por largo tiempo, que bien.
Pero, cinco minutos después, el niño dijo: ¡Ya está! El resultado es: 5,050 ¿verdad?
El niño explicó:
1+100, ciento uno
2+99, ciento uno
3+98, ciento uno
4+97, ciento uno
5+96, ciento uno
Y así sucesivamente,
da 50 veces ciento uno.
Y fue muy fácil la cuenta: 50x101 = 5,050
lunes, 15 de noviembre de 2010
Solferino. Autor David Gómez Salas

Solferino
Autor David Gómez Salas
La palabra solferino está relacionada con la vida, la muerte, el cielo, la sangre y la tierra.
1. Leyenda mexicana prehispánica
Coatlicue, la Madre Tierra, se embarazó cuando una pluma azul cayó del cielo al estar barriendo un templo en el Cerro de la Serpiente. El inexplicable embarazo enfureció a sus otros cuatrocientos hijos, quienes pensaron que su madre había engañado a su padre Mixcóatl. Así que decidieron matar a su madre Coatlicue, para vengar a su padre.
Pero del vientre de Coatlicue, salió su hijo Huitzilopochtli completamente armado y mató de inmediato a sus cuatrocientos hermanos. Ese día el azul del cielo y el rojo de la sangre de sus hermanos se mezclaron y el lugar se tiñó de un color muy especial que entrelaza la vida y la muerte. El color solferino.
A Coatlicue, diosa de la tierra y la fertilidad, se le representa con una cabeza que simboliza la vida y la muerte, una mitad es un rostro de mujer y la otra mitad es solo el cráneo sin carne.
2. La Cruz Roja y la Media Luna Roja
El 24 de junio de 1859, en la localidad de Solferino Italia, se llevó a cabo una batalla sangrienta del ejército austriaco contra los ejércitos de Francia y el reino de Cerdeña. Después de nueve horas de batalla las tropas austriacas se rindieron. Oficialmente se reconocieron que del lado austriaco hubo 3,000 muertos, 10,807 heridos y 8,638 capturados o desaparecidos; y del bando aliado hubo 2,492 muertos, 12,512 heridos y 2,922 capturados o desaparecidos.
Jean Henry Dunant llegó a Solferino esa tarde y vio que heridos, agonizantes y muertos permanecían en el campo de batalla. Impresionado, organizó la población civil, para auxiliar a heridos y enfermos.
Levantó hospitales en el sitio y convenció a la población para que atendiese a los heridos sin fijarse en qué bando fueran. El lema fue "Tutti fratelli". Todos somos hermanos. Logró la liberación de los médicos austriacos capturados por los franceses.
Al regresar a Ginebra escribió el libro que tituló "Un Souvenir de Solferino", en donde describió la batalla, sus consecuencias. Desarrolló la idea de que debería existir una organización neutral para curar a los soldados heridos. Distribuyó su libro a infinidad de líderes políticos y militares famosos de Europa.
La Sociedad Ginebrina para el Bienestar Público, analizó el libro y sus sugerencias el 9 de febrero de 1863. Las recomendaciones de Dunant se valoraron positivamente y crearon un comité, que incluía a Dunant, para llevar a cabo sus ideas. La primera reunión fue el 17 de febrero de 1863, que hoy se considera la fecha de fundación del Comité Internacional de la Cruz Roja.
En 1901, Dunant recibió el primer Premio Nobel de la Paz por su papel al fundar el Movimiento Internacional de la Cruz Roja e iniciar la Convención de Ginebra.
Al felicitarlo el Comité Internacional declaro que "No hay hombre alguno que merezca más este honor, pues fue quien hace cuarenta años, puso en marcha la organización internacional para el socorro de los heridos en el campo de batalla. Sin usted, la Cruz Roja, el supremo logro humanitario del siglo XIX probablemente nunca se hubiera obtenido."
El día del cumpleaños Dunant, 8 de mayo, se celebra el Día Mundial de la Cruz Roja y la Media Luna Roja. En Ginebra y otros lugares, hay numerosas calles, plazas, y escuelas que reciben su nombre. La "Medalla Henri Dunant", que se da cada dos años por una comisión del Movimiento de la Cruz Roja y la Media Luna Roja, es su máxima condecoración.
3. Solferino, Quintana Roo, México
La población esta a 13 kilómetros del puerto de Chiquilá y muy cerca del área de protegida (flora y fauna) de Yum Balam. Cuenta con una selva exuberante. Se presenta al norte vegetación acuática y subacuática en los humedales compuestos de lagunas salobres y pantanos del litoral con abundancia del mangle rojo y el pasto marino.
Existe selva baja y mediana exuberante, con asociaciones vegetales llamados ramonales, zapotales, tintales, tazistales y tulares.
En sus ecosistemas viven especies tales como: venado, tejón, el jabalí, zorra, mapache, tepezcuintle, tortuga marina, boa, la serpiente mortal llamada cuatro narices o nauyaca, pavo de monte, faisán, aves canoras endémicas y migratorias. Con abundantes humedales, el mar contiguo y la Isla de Holbox frente a sus playas. Cuenta con aves acuáticas como garzas, pelícanos, patos, fragatas, flamencos y cormoranes.
El nombre anterior del poblado era "Labcáh" que en lengua maya significa pueblo viejo. La población cambio de nombre a Solferino porque existen árboles de la especie llamada Palo de tinte y cuyo nombre científico es Haematoxylum campechianum, Y al llover, el palo de tinte tiñe todo el lugar de color solferino.
Aquí el azul del cielo se mezcla con el rojo de la madre tierra y los turistas creen que es el paraíso.
