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lunes, 15 de noviembre de 2010

Solferino. Autor David Gómez Salas

Solferino

Autor David Gómez Salas


La palabra solferino está relacionada con la vida, la muerte, el cielo, la sangre y la tierra.


1. Leyenda mexicana prehispánica

Coatlicue, la Madre Tierra, se embarazó cuando una pluma azul cayó del cielo al estar barriendo un templo en el Cerro de la Serpiente. El inexplicable embarazo enfureció a sus otros cuatrocientos hijos, quienes pensaron que su madre había engañado a su padre Mixcóatl. Así que decidieron matar a su madre Coatlicue, para vengar a su padre.

Pero del vientre de Coatlicue, salió su hijo Huitzilopochtli completamente armado y mató de inmediato a sus cuatrocientos hermanos. Ese día el azul del cielo y el rojo de la sangre de sus hermanos se mezclaron y el lugar se tiñó de un color muy especial que entrelaza la vida y la muerte. El color solferino.

A Coatlicue, diosa de la tierra y la fertilidad, se le representa con una cabeza que simboliza la vida y la muerte, una mitad es un rostro de mujer y la otra mitad es solo el cráneo sin carne.

2. La Cruz Roja y la Media Luna Roja

El 24 de junio de 1859, en la localidad de Solferino Italia, se llevó a cabo una batalla sangrienta del ejército austriaco contra los ejércitos de Francia y el reino de Cerdeña. Después de nueve horas de batalla las tropas austriacas se rindieron. Oficialmente se reconocieron que del lado austriaco hubo 3,000 muertos, 10,807 heridos y 8,638 capturados o desaparecidos; y del bando aliado hubo 2,492 muertos, 12,512 heridos y 2,922 capturados o desaparecidos.

Jean Henry Dunant llegó a Solferino esa tarde y vio que heridos, agonizantes y muertos permanecían en el campo de batalla. Impresionado, organizó la población civil, para auxiliar a heridos y enfermos.

Levantó hospitales en el sitio y convenció a la población para que atendiese a los heridos sin fijarse en qué bando fueran. El lema fue "Tutti fratelli". Todos somos hermanos. Logró la liberación de los médicos austriacos capturados por los franceses.

Al regresar a Ginebra escribió el libro que tituló "Un Souvenir de Solferino", en donde describió la batalla, sus consecuencias. Desarrolló la idea de que debería existir una organización neutral para curar a los soldados heridos. Distribuyó su libro a infinidad de líderes políticos y militares famosos de Europa.

La Sociedad Ginebrina para el Bienestar Público, analizó el libro y sus sugerencias el 9 de febrero de 1863. Las recomendaciones de Dunant se valoraron positivamente y crearon un comité, que incluía a Dunant, para llevar a cabo sus ideas. La primera reunión fue el 17 de febrero de 1863, que hoy se considera la fecha de fundación del Comité Internacional de la Cruz Roja.

En 1901, Dunant recibió el primer Premio Nobel de la Paz por su papel al fundar el Movimiento Internacional de la Cruz Roja e iniciar la Convención de Ginebra.

Al felicitarlo el Comité Internacional declaro que "No hay hombre alguno que merezca más este honor, pues fue quien hace cuarenta años, puso en marcha la organización internacional para el socorro de los heridos en el campo de batalla. Sin usted, la Cruz Roja, el supremo logro humanitario del siglo XIX probablemente nunca se hubiera obtenido."

El día del cumpleaños Dunant, 8 de mayo, se celebra el Día Mundial de la Cruz Roja y la Media Luna Roja. En Ginebra y otros lugares, hay numerosas calles, plazas, y escuelas que reciben su nombre. La "Medalla Henri Dunant", que se da cada dos años por una comisión del Movimiento de la Cruz Roja y la Media Luna Roja, es su máxima condecoración.

3. Solferino, Quintana Roo, México

La población esta a 13 kilómetros del puerto de Chiquilá y muy cerca del área de protegida (flora y fauna) de Yum Balam. Cuenta con una selva exuberante. Se presenta al norte vegetación acuática y subacuática en los humedales compuestos de lagunas salobres y pantanos del litoral con abundancia del mangle rojo y el pasto marino.

Existe selva baja y mediana exuberante, con asociaciones vegetales llamados ramonales, zapotales, tintales, tazistales y tulares.

En sus ecosistemas viven especies tales como: venado, tejón, el jabalí, zorra, mapache, tepezcuintle, tortuga marina, boa, la serpiente mortal llamada cuatro narices o nauyaca, pavo de monte, faisán, aves canoras endémicas y migratorias. Con abundantes humedales, el mar contiguo y la Isla de Holbox frente a sus playas. Cuenta con aves acuáticas como garzas, pelícanos, patos, fragatas, flamencos y cormoranes.

El nombre anterior del poblado era "Labcáh" que en lengua maya significa pueblo viejo. La población cambio de nombre a Solferino porque existen árboles de la especie llamada Palo de tinte y cuyo nombre científico es Haematoxylum campechianum, Y al llover, el palo de tinte tiñe todo el lugar de color solferino.

Aquí el azul del cielo se mezcla con el rojo de la madre tierra y los turistas creen que es el paraíso.

jueves, 20 de mayo de 2010

La sonrisa. Autor David Gómez salas

Es probable que por haber vivido en ciudades de la costa de la República Mexicana, ahora al vivir en esta bella ciudad en el centro del país; perciba que los adultos no sonríen con frecuencia. En las ciudades de la costa es común el baile y las fiestas; sus habitantes sonríen frecuentemente en playas, campos deportivos, cines, teatros, bares, restaurantes, hoteles, albercas, comercios, oficinas y calles;

En el centro del país los conductores de automóviles no sonríen al ceder el paso al peatón; los vendedores en los comercios sonríen poco al atender a sus clientes; las personas que entran a un restaurante difícilmente saludan o sonríen a otros clientes. En la costa es común que mexicanos y extranjeros se saluden y sonrían al ceder el paso, al entrar a un restaurante y al salir de él.

Quizás en aquellas ciudades llenas de inmigrantes, con clima tropical húmedo y naturaleza pródiga, los habitantes tengan motivos para celebrar y deseen compartir su alegría y a la vez crear una nueva identidad social.

Recuerdo los mensajes de radio y televisión en Cancún que decían, mas o menos lo siguiente: Nací en el Distrito Federal, tengo 3 años de vivir aquí y soy orgullosamente Cancunense. El anuncio se repetía substituyendo el nombre del Distrito Federal con el nombre de otra ciudad, como: Monterrey, Villahermosa, Culiacán, Guadalajara, Tampico, Mexicali, Mérida, etc.

Se puede suponer que la sonrisa de las personas que viven en esas ciudades, reflejan la alegría por las oportunidades que han tenido para progresar, pues los polos de desarrollo turístico son tierras de oportunidades, sobre todo para la gente joven.

Quizás por el calor, al vestir con ropa más ligera las personas se sienten más libres, cómodas y alegres. Por lo tanto, sonríen más.

En aquellos sitios las personas manifiesten más su alegría. En Chetumal, Coatzacoalcos, Acapulco, Tapachula, Veracruz, Tampico, Mazatlán, Puerto Vallarta, Huatulco, Tenacatita y, en general, en toda la costa las personas sonríen más.

No creo que los habitantes de la costa sean más felices que los que vivimos en el centro de la república y por eso sonrían más. Pienso que es cuestión de temperamentos.

Los costeños no contienen su felicidad como algo personal, para compartirla únicamente con su familia o amigos. La alegría interior los desborda, no pueden o no quieren contenerlo, así que van por las calles con buen humor, y dispuestos responder con una sonrisa ante cualquier contacto con los demás.

También me llama la atención que los niños del centro de la república si sonríen fácilmente como los habitantes de las costas. No tengo la menor idea de cómo se fue perdiendo la capacidad de sonreír hasta alcanzar el aspecto adusto que manifiestan algunos adultos. Obviamente, no todos los adultos pierden la capacidad de sonreír, hay quienes sin conocerte te regalan una sonrisa al cruzarte es su camino.

Sonreír no implica falta de formalidad. Se puede sonreír y tener honor (cumplir cabalmente con los compromisos, respetar la palabra empeñada). Se puede sonreír y NO tener honor. Se puede ser “caradura” y tener honor. Se puede ser “caradura” y NO tener honor.

En fin, sonreír y tener honor son características ajenas entre sí, y por o tanto no se debe confundir una con la otra. Cada una de ellas se manifiesta, de manera independiente, en los hechos y en la conducta diaria.

No es fácil confiar en quien sonríe poco con sus subordinados y mucho con su jefe, equivale a quien es déspota con el débil y servil con el poderoso. También es difícil confiar en quien sonríe cuando lo ayudas y no sonríe cuando lo saludas.

Sonreír es un acto espontáneo, es un acto reflejo de buen humor, considero es un buen habito, es una forma de respetar y amar al prójimo. Es bello ver sonreír a personas de cualquier edad. Como dicen lo políticos: a niñas y niños; jóvenes; adultas y adultos; ancianas y ancianos. Sonreír para manifestar cariño, amor y simpatía por los demás.

Querido lector, espero que sea de las personas que sonríen con frecuencia. que no sea caradura.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Poesía SOBRE UN ÁRBOL. Por David Gómez Salas



Me fascinas Quintana Roo, tropical
Gozo tu viento, amo a tu gente.
Mas ¿qué tienes? que inquietas mi mente
¿Porqué no me lleno, con lo material?

En tus árboles, percibo ternura
Sus hojas, crean música con el viento
Sus tallos, son hermosas esculturas

Bajo su sombra su abrigo siento
Sobre un árbol, a poca altura
Solo y muy tranquilo, en Dios pienso

Para mi ánimo, es excelente
Estar entre ramas y reflexionar
Contemplar el árbol y ser paciente
Siempre habrá tiempo,... para lo demás

Poesía A QUINTANA ROO. Autor David Gómez Salas

Dedicado a mi Estado Adoptivo





Estado limpio e inocente
Lleno de belleza natural
Pueblo alegre e ingenioso
El Paraíso Terrenal

Blancas playas recreativas
Largas cadenas de coral
Vida acuática marina
Selva y mangle sin igual

Laguna de los milagros
Cenote azul y Bacalar
Fibras nostálgicas
De mi lindo Chetumal

Como muestra de conciencia
Que distingue el bien y el mal
Se estudia y conserva
Sián Kaán, Xcalak y Mahahual

Lo mejor del ser humano
Con espíritu liberto
Y del cielo, muy cercano
¡Heroico Carrillo Puerto!

Lázaro Cárdenas y José María Morelos
Refugio de mis antecesores
Cargo de conciencia, siento
Al verlos abandonados

Cozumel, Isla perla
Tesoro Nacional
Tus hijos, han evitado
El desarrollo irracional








Y el cielo imaginario
Que nos contaron de niños
Lo conocí superado
En el norte del Estado

Cancún moderno y fecundo
Tierra de Pioneros
Originarios del mundo
Aquí, no son extranjeros

Nuestra cultura Maya
Nos ha dejado de herencia
Lecciones de valor
Dignidad e inteligencia

Así, Quintana Roo
Te expreso mi sentir
Tierra, mar y aire
Los disfruto al vivir

Prometo respetarte
Trabajar con energía
Contribuir al progreso
Y cuidar la Ecología







No existirá ciclón
Que me aparte de tu lado
Me lo dice el corazón
Y mi mente, confirmado

Guardo pruebas precisas
De lo que aquí asevero
Para decirle al mundo:
Quintana Roo, te quiero

sábado, 19 de septiembre de 2009

Cuento Las palabras sobran. David Gómez Salas

LAS PALABRAS SOBRAN
Por David Gómez Salas
Derechos de autor

Esta es la historia de un incendio que causó la muerte de un amigo; y mató el prestigio de un ingeniero…


1. El paraíso

En aquella época vivía en Cancún y trabajaba en un centro de investigación ubicado en Puerto Morelos, Quintana Roo. De este pequeño poblado partían barcos de carga a la isla de Cozumel. Eran barcos maltrechos que transportaban vehículos, maquinaria, combustibles, materiales de construcción, alimentos y otros productos.

En el mar Caribe existe el segundo arrecife coralino más grande del mundo, va desde México hasta Honduras, el arrecife forma una barrera paralela a la costa. En la franja de mar ubicada entre la costa y la barrera de coral, abundaban: peces, Tortugas, langosta y el caracol.
En esa época, vivíamos pocos habitantes en el Estado de Quintana Roo y el mar no estaba sobreexplotado. Puerto Morelos tenía seiscientos habitantes.
Cuando pescábamos para el consumo de la familia, sacábamos solo lo que se podía comer en uno ó dos días. Así consumíamos producto fresco y no era necesario tener un congelador grande en casa.
Para efectuar este tipo de pesca, nadábamos en la superficie del agua viendo el fondo marino con el visor y respirando a través de un snorkel. Nos sumergíamos a puro pulmón, aguantando la respiración bajo el agua y cazábamos.
Para cazar los peces usábamos el arpón. Para cazar la langosta utilizábamos una varilla de metro y medio de largo, que tenía un extremo puntiagudo y en el otro extremo tenia un anzuelo que se usaba como gancho. Al caracol indefenso, simplemente lo levantábamos con las mano


Arpón


Varilla para langosta


Se pescaba acompañado de algún amigo, para protegerse mutuamente en caso de que apareciera algún tiburón. La naturaleza nos daba todo, solo había que tomarlo con cuidado.


2. El infierno


En este puerto había un barco llamado “El Vagabundo”, que transportaba del continente a la Isla, diesel y tanques con gas para uso doméstico. Un día, como a las seis de la tarde, empezó un incendio en “El Vagabundo”, nunca supe bien como empezó. Cualquier chispa o cigarro encendido pudo ser la causa, pues el barco transportaba casi siempre algunos tanques de gas en mal estado; y combustibles en envases muy desgastados.
Cuando inició el incendió se celebraba una reunión de trabajo en la terraza de un hotel, ubicado a 250 metros del muelle. Los que participábamos en la reunión observamos la columna de humo que salía del muelle. Diversas construcciones impedían ver el muelle, y solo era posible ver la parte alta de la columna de humo, desde esa terraza.
Oscar, Juan y yo queríamos ir al muelle para saber que estaba ocurriendo; sin embargo, el jefe y la mayoría de los investigadores que participaban en la reunión dijeron que la reunión debía continuar.
—Que malditos son—dijo Juan en voz baja, cuando nos presionaron a permanecer en la junta de trabajo.
Por tolerancia nos quedamos en la reunión hasta las siete de la noche. Al terminar la junta, el cielo ya estaba oscuro y se veía el resplandor rojo del fuego. —Corramos—les dije, y fuimos rumbo al muelle
Nos acercamos a ayudar. Necesitábamos saber sí había personas atrapadas en el barco, sí era necesario transportar a alguien, o quizás hacer llamadas por teléfono. En esa época solo había cinco líneas telefónicas en todo el pueblo. Una, en nuestra oficina.
Supimos que varios pescadores y estibadores se habían acercado en lancha a “El vagabundo”, y se mantenían atentos con la intención de localizar a todos los trabajadores del barco.
—Faltan tres compañeros—nos dijo un pescador que apodaban el potro: El participaba en la búsqueda de sobrevivientes. –No nos iremos hasta saber que les pasó—agregó.
Esa tarde aprendí que al quemarse el diesel genera una gran cantidad de calor y provoca una reacción en cadena, debido a que la parte en combustión calienta al demás diesel.
El diesel almacenado se calienta, produce vapor y sale con presión del contenedor.
El diesel derramado fuera del barco también se calienta y forma una capa de vapor que facilita se extienda el incendio.
Podía observar la capa de diesel que flotaba sobre el agua del mar, y que al calentarse ardía sin mezclarse con el agua.
Además unos tanques de gas explotaban y otros salían disparados del barco, ya que el calor elevaba la presión del gas dentro del tanque y desprendía la válvula, dejando en el tanque un orificio por donde salía con fuerza el gas caliente. El tanque se convertía en un cohete de “propulsión a chorro”, impulsado por la descarga del gas.
Los tres queríamos acercarnos al barco, primero lo intentamos hacer por el muelle, pero no era posible establecer un acceso, debido a que las llamas provenientes de la embarcación medían más de diez metros de alto e inclinadas por el viento, envolvían todo el muelle.
Así que decidimos acercarnos a nado, por el lado sur del muelle. Corrimos a un terreno aledaño y por ahí bajamos a la playa; al entrar al mar, sentimos que el agua estaba caliente, pero soportable sí se evitaba el contacto con los ojos. Sin embargo, conforme avanzamos al barco sentimos el agua cada vez más caliente. Al alejarnos apenas treinta metros de la playa, aún lejos del barco, el agua estaba casi hirviendo, por lo que no fue posible acercarnos más. Nos quedamos parados dentro del agua observando, con la esperanza de que saliera alguien por ese lado.
—¿Qué hacemos?—preguntó Oscar. El agua está hirviendo alrededor del barco, explicó.
De pronto, entre las llamas salió disparado un tanque de gas hacia nosotros, rebotó una vez contra la superficie del agua, se estrelló de nuevo en el agua cinco metros antes de pasar sobre nuestras cabezas, siguió de largo para impactarse contra un trailer estacionado a treinta metros de la playa, y rebotó de nuevo hasta la playa. Todo sucedió en dos segundos. El tremendo golpe deformó la pared del trailer, dejando una enorme abolladura.
Un instante antes de que el tanque de gas pasara sobre nosotros, por instinto nos sumergimos en el agua para esquivar el golpe. Bajo el agua escuchamos el estruendo del choque contra el trailer, y al salir del agua ya estaba deformada la pared del trailer y el tanque en la playa.
La preocupación que sentíamos por los trabajadores del barco desaparecidos, no nos permitía retirarnos del lugar, pues pensábamos que sí habían saltado al mar, podrían salir a la playa por ahí o podríamos verlos flotando.
Así que caminamos por la playa al sur y nos metimos de nuevo al mar, primero nadamos rumbo al oriente separándonos de la costa y después nadamos al norte para acercarnos al barco en llamas. Se suponía que la corriente marina fría que va de sur a norte, ayudaría a que el agua del mar estuviera menos caliente por esa ruta.
Pero el mar estaba casi hirviendo en un círculo de influencia como de cuarenta metros alrededor del barco, por lo que no era posible acercarse más. Había que hacerlo utilizando una lancha, como ya lo hacían otros. Así que regresamos a la playa junto al muelle donde había sucedido lo del tanque de gas, porque ahí podíamos estar cerca del barco y observar sí salía alguien vivo o muerto.
Nos metimos al mar y nos acercamos hasta donde lo permitía la temperatura del agua. Esperamos y a las diez de la noche vimos que salía del mar un hombre que no conocíamos, al estar con nosotros dijo que pertenecía a la tripulación del barco. A pesar de tener todo el cuerpo quemado, estaba consciente.
—Debo avisarle al patrón—nos dijo. El sobreviviente deseaba llamar por teléfono a sus jefes para informar lo sucedido. Hasta que lo hizo, aceptó ser trasladado por la cruz roja a Cancún, para recibir atención médica.
Esa noche nos quedamos en una explanada junto al muelle hasta las dos de la mañana. Después nos fuimos a nuestras casas.



3. El juicio

A las ocho de la mañana regresé a Puerto Morelos y fui al muelle, al mismo sitio que la noche anterior era un infierno. El paisaje era un contraste, había poco viento y el sonido del oleaje era tenue, parecía que el mar guardaba silencio en memoria de los muertos.
Las olas borraban las huellas y la playa blanca lucía lisa y tersa. El mar recuperaba la belleza del caribe, se mostraba limpio, transparente, con diversos tonos de color azul, como el cielo.
En el centro del pueblo se escuchaban llantos de familiares y amigos de quienes perdieron la vida, se observaban rostros con dolor, tristeza y desconcierto. Pasaron muchos días para que los habitantes lograran asimilar lo ocurrido, y mostraran de nuevo su alegría característica.
Me enteré que había muerto un amigo, hallaron su cuerpo prensado entre el barco hundido y el fondo del mar, junto al muelle. Su esposa e hijos vivían frente a la plaza, el llanto de ella se escuchaba desde la calle. A medio día la visitaron algunos políticos y le dieron el pésame.
En una esquina frente a la plaza encontré unos amigos que eran pescadores y estibadores. Lo que hice fue saludarlos y permanecer cerca de ellos, casi sin conversar. Era la costumbre de los que vivíamos en el pueblo. Los amigos nos reuníamos casi todas las tardes y dependiendo del estado de ánimo, jugábamos básquetbol, hablábamos o simplemente escuchábamos la música del restaurante de la “China”, que estaba junto al faro. La “China” era la mujer más bonita del Pueblo y probablemente del mundo.
—La china solo tiene un defecto—decían en broma los hombres del pueblo. Se referían al gringo, su esposo.
Después de estar juntos más de una hora, se acercó un ingeniero que también vivía en el pueblo. Era originario del norte del país y conservaba la conducta y costumbres de su tierra. Destacaba su estilo norteño, diferente a la gente de la costa, con ropa y sombrero vaquero. El ingeniero saludó y se puso a hablar, todos lo escuchamos con atención casi sin hacer comentarios; después de diez o quince minutos, mis amigos se despidieron y el ingeniero se quedó platicando solo conmigo.
—Mira a estos cabrones—dijo el ingeniero, refiriéndose a mis amigos, dejaron de platicar con nosotros y se fueron a sentar al centro de la plaza, lo cual significa que no tenían ganas de platicar con nosotros. Ahí están sin hacer nada, simplemente nos dejaron.
Continuó conversando conmigo hasta que pasó por el sitio otro amigo y compañero de trabajo.
—Adiós—dijo y se fue platicando con él.
Caminé al sitio donde se ubicaba el asta bandera, a un lado de las canchas de básquetbol en el centro de la plaza. Me senté en el piso junto a mis amigos, solo los saludé con la mirada.
—¿Por qué se retiraron cuando platicaban con el ingeniero?—pregunté cinco minutos más tarde.
—El ingeniero es bueno para conversar, pero yo no iría a pescar con él, pues creo que él me dejaría si aparece el animal—contestó el Potro, un pescador y estibador de 22 años de edad.
Cuando los pescadores encontraban a un tiburón con comportamiento amenazante, decían: se me apareció el animal.El Potro y los demás, sabían que el ingeniero no había ayudado la noche del incendio. Sin embargo no lo mencionaron, porque hay ocasiones en que las palabras sobran.